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La Cantuta una historia que educa y construye
Discurso pronunciado por el Dr. Jorge Lazo Arrasco, durante la celebración del Sesquicentenario de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta.
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| Dr. Jorge Lazo Arrasco. |
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| Don Jose de San Martín, Dr. Walter Peñaloza Ramella y la Entrada principal de la Ciudad Universitaria. |
La historia se escribe todos los días, pero en algunos con mayor intensidad que en otros, Hoy es un día intenso y profundo para quienes estudiamos en la Escuela Normal, Instituto Pedagógico o Universidad de La Cantuta. Hoy es día de evocación y de reafirmación.
Hace cien años, a los cuatro meses de haber asumido la Presidencia de la República (24.09.1904), Don José Pardo y Barreda, mediante Decreto Supremo del 28 de enero de 1905, creó la Escuela Normal de Segundo Grado para Varones, la misma que empezó a funcionar el 14 de mayo de ese año.
Previamente el Presidente Pardo había decretado que la educación primaria y obligatoria, bajo pena de multa.
ESCUELA NORMALES
Por cierto, la Escuela Normal fundada por Pardo no fue la primera. En el siglo XIX, Don José de San Martín, por Decreto Supremo, creó la primera Escuela Normal del Perú y de América el 6 de julio de 1822.
Esta escuela se inaguró el 19 de septiembre del mismo año, siendo su primer director el pedagogo inglés Diego Thompson, quien trajo, como novedad pedagógica el Sistema Lancasteriano.
Posteriormente, en el Reglamento de Educación de 1855, el Presidente Ramón Castilla creó la llamada “Enseñanza Popular” y dentro de este concepto las escuelas de las primeras letras, las de Artes y Oficios, las de la infancia y la Escuela Normal. Esta última debería ser un modelo y establecer en la Capital de la República.
En 1852 se contrataron en Europa un director y profesores para la Escuela Normal Central recientemente creada.
El ministro del Perú, en Madrid, don Joaquín José Osma contrató a Francisco Merino Ballesteros (1853) para que vinieran al Perú a fundar la Escuela, quien además se comprometió a ejercer los cargos de director y profesor. Al llegar a Lima a principios de 1854 y al no presentar el proyecto de Reglamento de la Escuela, y no concurrir a la ceremonia de inauguración de la Escuela Normal el 5 de enero de 1858, presentó su renuncia y rescisión del contrato.
El nuevo director de la Escuela Normal fue Miguel Esorch, autor de la obra didáctica titulada Ortografía de la Lengua Española y la comedia Los Colegios por centro, quien la inaguró el 1ª de enero de 1859.
Entre los profesores estuvo José Granda, que había estudiado en Europa, titulándose como Ingeniero Civil. Granda llegó a ser director interino de la Escuela Normal.
En 1869, el presidente José Balta clausuró la Escuela Normal porque los maestros allí formados se resistían a trabajar en provincias.
En 1871, se reabrió la Escuela Normal con el nombre de “Escuela Modelo de Instrucción Primaria”, pero fue suprimida al año siguiente.
Por ley del 5 de abril de 1873 se crearon tres escuelas normales para varones y para tres mujeres: dos en Cajamarca, dos en Junín y dos en Cuzco.
En el resto del siglo XIX no hubo más escuelas normales hasta 1905, que Pardo creó la Escuela Normal, cuyo centenario estamos conmemorando.
De la Escuela Normal, que se fundara en 1905, egresaron grandes maestros, como José Antonio Encinas, Luís Bouroncle, Raúl Pinto, entre otros.
EL INSTITUTO PEDAGÓGICO NACIONAL DE VARONES
Cuando el gobierno del presidente Leguía (el que sacó del Gobierno a José Pardo en su segundo periodo) se tambaleaba, expidió la Resolución Suprema Nº 1706 del 2 de noviembre de 1929, creando el Instituto Pedagógico Nacional de Varones en Lima.
Años después de su funcionamiento, el Pedagógico fue clausurado al igual que la Universidad de San Marcos. ¿La razón? La crisis política, las protestas estudiantiles y el desgobierno.
Leguía, además de sus fracasos internos, no pudo salvar el escollo económico producido por la gran depresión de 1929. Sánchez Cerro, con un golpe de Estado, lo sacó del gobierno; y al igual que el Congreso a 23 representantes apristas. La agitación fue mayor.
Los estudiantes eran los más activos, por eso clausuraron San Marcos y el Pedagógico.
El Instituto Pedagógico, previo informe de una Comisión Reorganizadora, volvió a funcionar en 1933, pero a fines de ese mismo año fue clausurado nuevamente. La agitación continuaba y el Pedagógico había efervescencia. Los estudiantes se consideraban universitarios.
En 1939, durante el Gobierno de Manuel Pardo, el Pedagógico fue reabierto. Pero, en 1943 volvió a ser amenazado y fue intervenido. La política había entrado con fuerza. Sin embargo, continuó funcionando hasta 1950.
Ese año me correspondió el honor de integrar la última promoción, con el nombre de General José de San Martín. Algo más, fui honrado con el premio máximo “Jorge Polar”, medalla de Oro, una libreta de ahorros en el Banco Popular y un viaje al extranjero, que no se hizo efectivo, porque el gasto no figuraba en el Presupuesto.
El auge del Pedagógico fue notable, tanto de sus profesores como de sus alumnos.
Los colegios particulares recibían preferencialmente a los egresados del Pedagógico. El Ministerio de Educación estaba obligado a nombrarlos para los colegios nacionales. Pero surgieron envidias.
Un destacado profesor de la Católica publicó en la Revista “Nueva Educación” un artículo titulado “La pretendida labor mesiánica del Instituto Pedagógico”.
La respuesta nuestra fue contundente. El director, Dr. Francisco Cadenillas Gálvez, reunió a un grupo de docentes y estudiantes y con argumentos sólidos y verdaderos respondió. No hubo respuesta en contra.
El Instituto Pedagógico significaba cambio dentro del estatismo, novedad frente al conformismo, función dentro de la estructura, dinamismo contra la inmutabilidad y ruptura dentro de la continuidad. Más que un ensayo, el Pedagógico fue un modelo y un icono en la pedagogía. La totalidad de los profesores que allí se conformaron eran excelentes, así como los directores que tuvimos.
LA ESCUELA CENTRAL DE VARONES
El Dr. Héctor Vilca Palacios, cantuteño y ex rector de la UNE, en un documento elaborado sobre la historia de la Escuela Normal Central, señala que ésta fue creada el 16 de mayo de 1951, como resultado de los acuerdos 52 y 53, entre los gobiernos del Perú y Estados Unidos. EL SCEPANE (Servicios Cooperativo de Educación Peruano- Norteamericano) tuvo alguna participación en estos acuerdos, y construyó la infraestructura en el sitio de La Cantuta.
La Escuela comenzó a funcionar en el local del Instituto Pedagógico (Av. Mariátegui 1063) y paralelamente, en la Gran Unidad Escolar “Meliton Carvajal”.
En 1953, la Escuela Normal se trasladó a su nuevo local, sitio en La Cantuta, Chosica, Iniciando sus funciones el 6 de julio de 1953, como Escuela Piloto y Experimental. La Escuela Normal Central nació en base a un proyecto integral, inédito y digno de administrar. Era un proyecto objetivo y realista, que estuvo a cargo del Maestro y Amauta, Dr. Walter Peñaloza, quien en su libro sobre La Cantuta, resalta el Plan de Estudios, enfatizando cuatro líneas principales de notable proyección. Toda esta concepción, de formación docente, era originada e inobjetable; es decir una doctrina completa: la Doctrina Peñaloza o modelo Cantuta.
En cuanto a la selección de postulantes, se introdujo la innovación de aplicar los exámenes en los mismos lugares de procedencia del postulante; no había necesidad del traslado a Chosica. Otra novedad fue el rollo de los cursos de Perfeccionamiento Docente o Perfeccionamiento Magisterial, los cuales tuvieron mucho auge en los años 60s y 70s.
LA ESCUELA NORMAL SUPERIOR
Con el nombre Enrique Guzmán y Valle, cantuteño y notable maestro, la Escuela recibió un notable avance. En mérito a un pedido del senador José Antonio Encinas, cantuteño también, fue incluida en el Art. 393 de la Ley Orgánica de Educación (Nº 9359, Ley Oliveira), en el nivel superior.
Formuló el 14 de mayo de 1955 con motivo de las Bodas de Oro de fundación de la Escuela (50 años). Igualmente, en el gobierno de Manuel Odría se promulgó la Ley 12502, que otorga a la Escuela categoría universitaria y en tal virtud pasa a tener autonomía. El Dr. Peñaloza expresó a propósito de este dispositivo, que esta ley rompía, por fin, una larga discriminación, una injusticia y constituida “un paso gigantesco” en la dignificación del magisterio.
Sin embargo, la rescatada autonomía y la categoría universitaria de la Escuela no fue bien recibida por los “reaccionarios”, que no veían con buenos ojos la formación de maestros con un nuevo mensaje, un pensamiento libre y con verdadera aceptación académica.
Años después continuaron los escollos y los obstáculos para debilitar a la Escuela y atenuar con su autonomía.
La gota que derramó el agua del vaso y el colmo del escarnio fue la aprobación de la Ley Universitaria 17437, que a su Art. 87 liquidaba y desaparecía la autonomía universitaria en la Escuela. Un absurdo abominable y un regicidio educativo. Simplemente la marginación de la Ley.
Pero la protesta y rechazo no se dejó esperar. La actitud firme del Dr. Walter Peñaloza, de los profesores y sobre todo de los estudiantes, constituyen hechos históricos, que el maestro cantuteño Gustavo Espinoza Montesinos ha graficado con luminosa claridad y detalle en su obra Una Heroica Lucha.
Este libro se editó con motivo del trigésimo aniversario de creación de la Universidad cantuteña, en el que además, se da cuenta del gran apoyo de estudiantes de otras universidades, que también reclamaban el pasaje universitario. Los sindicatos se aunaron a la lucha.
Los reclamos tuvieron éxito, la autonomía se rescató.
Las cámaras de Diputados y Senadores aprobaron la creación de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle. La firmeza, el coraje, la mística y el bastión irreductible de la dignidad triunfaron. Esta parte de la historia es un fragmento inolvidable de la epopeya cantuteña y de la grandeza de su espíritu. El último director de la Escuela Normal Superior fue el Dr. Aquiles Nicho Rosadio.
LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN
Permítanme aquí adicionar un informe personal. En 1965, yo era Presidente de la Comisión de educación de la Cámara de Diputados. Al revisar la documentación pendiente encontré que la ley que creó la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle había sido aprobada en ambas cámaras, pero no estaba promulgada. Deliberadamente o no, pero estaba olvidada.
En una larga intervención que hice, relievando lo que había significado para el país, la Escuela Normal Central y Superior y el Instituto Pedagógico, como entidades formadoras de centenares y miles de grandes maestros, solicité que se ofreciera al Presidente de la República para que promulgara la ley; en caso contrario, que la promulgara el Congreso.
El pleno de la Cámara aprobó mi pedido, recibiendo incluso felicitación por los argumentos expuestos. Mi intervención fue aplaudida. La ley se promulgó el 7 de abril de 1965, con el Nro. 15519. Se nombró la Comisión Organizadora y funcionó, como tal, desde el 23 de mayo de 1967.
¿Qué reflexiones inferimos de todas estas vivencias?
La Escuela Normal Central o Superior, el Instituto Pedagógico y la Universidad de la Cantuta constituyen una misma historia educativa, coherente, sistémica y sistemática.
Aquí aprendimos que el respecto a la dignidad del hombre, al igual que la libertad, la justicia y la paz son inalienables e indivisibles.
Aquí aprendimos que la educación es un acto de amor, que la docencia es una actividad sin excusas, que el fin supremo de la educación es el cambio del hombre; y que no se pueden formar estudiantes en la miseria.
Aquí aprendimos que el germen de las transformaciones sociales duerme en las escuelas y que la democracia y el desarrollo sólo serán posibles, cuando ese germen se incentive.
Aquí aprendimos que la educación no puede ser incubadora de desigualdades, que la vanguardia de la solidaridad moral e intelectual esta es la escuela, pero que estas escuelas no deben vivir de rodillas.
Aquí aprendimos que el desarrollo educativo precede al desarrollo económico, porque éste depende del volumen de conocimientos que sólo lo proporcionan el aula.
Aquí aprendimos que el maestro debe ser siempre un libro abierto, una obra completa, una enciclopedia de la existencia y una verdad inobjetable.
Aquí aprendimos, en fin, que la humanidad no puede ceder el sitio a la animalidad; y que el objeto del hombre es vivir.
ESTIMADOS COMPAÑEROS
El maestro sabe que no puede existir causa más elevada que la causa humana; por eso la educación no puede ni debe deshumanizar al hombre, menos estimular la enajenación. Los maestros lo saben, el Gobierno también debería saberlo.
La única manera de acceder a un mundo mejor, es a través de la palabra del maestro. Es el maestro el que más ha luchado por los necesitados y a quienes, identificándose con ellos y por ellos, han sido, igualmente, víctimas de los sufrimientos y de la pobreza.
ESTIMADOS AMIGOS, CANTUTEÑOS
Desde esta tribuna pedagógica, que es la mejor tribuna intelectual del país, podemos afirmar que en nuestra institución que nos cobijó y que nació esencialmente pedagógica, emergieron hombres símbolos: hombres que han valido por si mismos; hombres que encarnaron una realidad y presentaron una afirmación; hombres que supieron proyectarse en el alma de sus alumnos y en la urdimbre de su camino evolutivo; hombres, en fin, que lucharon por la transformación de las conciencias. No habría habido Perú sin estos hombres.
Cien años después nos después nos ratificaron en nosotros mismos. Los que de nuestra institución egresamos, estuvieron amasados con arcilla de eternidad, como antorchas siempre vivas.
Pertenecemos a una misma familia, con el mismo espíritu e igual grandeza.
El Dr. Carlos Malpica Faustos, cantuteño y ex ministro de Educación, dijo que se debía mantener el Código Germinal de La Cantuta; vale decir: simbolismo de Patria, Visión de Futuro, buen Gobierno, formación, formación ciudadana, modernización pedagógica, tolerancia de ideas y dimensión internacional.
El Dr. Gerardo Ayzanoa del Carpio, cantuteño y ex ministro de Educación, considera a La Cantuta como la experiencia educativa de mayor significación en el país y como un crisol genético de brillantes ideas.
El Dr. Grover Pango Vildoso, cantuteño y ex ministro de Educación, señala que hay que llevar a La Cantuta siempre en el corazón.
No podemos dejar de exaltar las palabras del Dr. Juan José Vega, el primer rector de La Cantuta, luego de recibir el cargo del Dr. Eduardo Parodi, rector interino. Par el Dr. Vega, La Cantuta fue una utopía hecha realidad.
AMIGOS
Concluyo diciéndoles a los de la Normal e Instituto Pedagógico de antes y a los cantuteños de hoy y mañana:
No permitan más leyes de intervención. Las leyes; 26457, 26614, 26797 y 26880 deban arrojarse en el polvo del olvido. Ellas originaron periodos medievales que laceraron el espíritu cantuteño y mancillaron sus génesis.
Recuerden que La Cantuta, por su trayectoria histórica, es un altar académico que jamás debe ser profanado por la crisis moral, o por la insana mental de quienes la mancharon con la sangre humana más noble: estudiantil y docente.
SOMOS HOY, PORQUE FUIMOS AYER Y SEREMOS MAÑANA.
MUCHAS GRACIAS.
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