| |
[Disminuir] [Aumentar]
¿Debacle financiera, crisis sistemática?
Dr.Samir Amin, Mg Wilfredo Medina y Elmer Gonzáles, participantes en el evento académico de Cuba, 2009.
|
| Dr. Samir Amin (egiccio), Mg Wilfredo Medina y Elmer Gonzáles (peruanos). participantes en el evento académico de Cuba, 2009. |
|
| Medina Wilfredo.síntesis de la conferencia dictada por Samir en el Centro de convenciones de La Habana Cuba. Marzo, 2009. |
En el marco del “XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y problemas de desarrollo”, realizado en marzo de 2009 en La Habana-Cuba, uno de los pensadores más lúcidos y brillantes de los últimos 50 años, Dr. Samir Amin (egipcio) disertó sobre la crisis del sistema económico financiero estadunidense, sus consecuencias y sus alcances imprevisibles. Aquí algunas de sus ideas fundamentales:
a) La crisis financiera era inevitable. La explosión brutal de la actual crisis había sido anunciada meses antes, cuando los economistas convencionales minimizaban sus consecuencias. El sistema capitalista actual es dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones de la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que también son grupos que afectan a la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc.
Su característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de provechos ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras.
Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos sino por los grupos “financiarizados”.
Este sistema no es provechoso para una economía de mercado sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia adelante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil.
Eso no resultaba sostenible. De allí la llamada “burbuja financiera” que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras. El volumen de las transacciones financieras es de orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PBI mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiple. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño.
Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios financiarizados era el “talón de Aquiles” del conjunto capitalista.
La crisis debía pues estallar, por una debacle financiera, detrás de la crisis sistemática del capitalismo aviejado. Junto a la debacle financiera se esboza una crisis de la economía real, que va ha asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones a la crisis financieras sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es una estancación relativa de la producción, y su efecto es la regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. Este fenómeno de lugar a la depresión y no de recesión. Y detrás de esta crisis se perfila una verdadera crisis estructural sistemática del capitalismo.
El sistema de producción y de consumo, el despilfarro existente, hace imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del Sur.
Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países ricos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos- el 15% de la población del planeta- acapara para su propio consumo y despilfarro el 85% de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos recursos ya que provocarían graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.
b) Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes. Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro proyecto sino el de volver a poner de pie ese mismo sistema. Esas inversiones de los Estados ¿qué son sino las que les manda la misma oligarquía? Sin embargo, no es posible el éxito de esta puesta de pie si las difusiones de medios financieros resultan suficientes y si las reacciones de la víctimas- las clases populares y las naciones del Sur-no dejan de ser limitadas. Pero, en este caso, el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún más tremenda, será ineludible ya que las “adaptaciones” previstas para la gestión de los mercados financieros y monetarios resultan ampliamente insuficientes, puesto que no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.
c) Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos. No basta decir con las intervenciones de los Estados pueden modificar las reglas de juego, atenuar las derivas, así como definir sus lógicas y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver fórmulas de asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como ocurrió durante los “treinta años gloriosos”(1945/1975) en Europa y durante “la era de Bandung”, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado dominaba ampliamente, acompañada por políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del Estado no esta a la orden del día. Y ¿están las fuerzas sociales progresistas en condiciones de imponer una transformación de esta amplitud? Todavía no.
La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin su nacionalización democrática progresiva.
¿Fin del capitalismo? No lo creo. Consideramos más bien que son posibles nuevas configuraciones de las relaciones de las fuerzas sociales que impongan al capital a ajustarse, él, a las reivindicaciones de las clases populares y de los pueblos, a condición de que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consignen cristalizarse en una alternativa política coherente.
Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esta dirección, claro está, siempre serán desigualdades de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.
Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen todos los aspectos de la vida económica, social, política. Veamos, a continuación, las grandes líneas de respuesta necesaria:
1) La reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad).
2) La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no desasociada a éstos.
3) Liberarse del virus libertad fundado en el mito del individuo que ya pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumerismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.
4) Liberarse del atlantismo y del militarismo que le están destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartado a escala mundial.
En los países del Norte, el desafío implica que la opinión general no se deje encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respecto a los pueblo del Sur. El internacionalismo necesario país por el antiimperialismo, no por el humanitarismo.
En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas de cambio, la baja de los precios de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados).
La crisis ofrece la ocasión del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático auto centrado, que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es la desconexión. Todo ello implica:
. El dominio nacional de los mercados monetarios y financieros.
. El dominio de las tecnologías modernas en adelante posible.
. La recuperación del uso de los recursos naturales.
. La derrocha de la gestión mundializada dominada por oligopolios (la OMC) y el control militar del planeta por los Estados Unidos y sus aliados.
. Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema y de los mitos pasadistas.
. La cuestión agraria, en los países del tercer mundo, exige una estrategia política agrícola fundada en el acceso a la tierra para todos los campesinos en contraposición de los poderes dominantes que buscan la privatización de la tierra agrícola y transformación en mercancía.
. La integración regional permite el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, siendo una forma de resistencia y de alternativa. La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero sí para otras muchas regiones, en Asia del Sur-Este, en África o América Latina.
Los avances en direcciones como Norte o Sur son necesarios. Las bases del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos constituyen las únicas garantías de la reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del capitalismo salvaje y alicaído. La lucha por el socialismo del siglo 21 está a la orden del día.
|
|